Yuleisy Cruz Lezcano

Yuleisy Cruz Lezcano. Nació en la isla Cuba el 13 marzo del 1973, vive en Marzabotto (Bolonia; Italia). La poetisa emigró en Italia a la edad de 18 años, estudió en la Universidad de Bolonia y consiguió el título en “Ciencias enfermerísticas y obstetricia” consiguió, además, un segundo título en “Ciencias biológicas”. Trabaja en la salud pública. En su tiempo libre ama dedicarse a la escritura de poemas y relatos.
Numerosos son los premios literarios donde ha obtenido reconocimientos importantes.
Obras literarias / Publicaciones:

– L’infanzia dell’erba, 2021
– “Demamah: il signore del deserto – Demamah: el señor del desierto”, 2019
– “Inventario delle cose perdute”, 2018
– “Tristano e Isotta. La storia si ripete”, 2018
– “Fotogrammi di confine”, 2017
– “Soffio di anime erranti”, 2017
– “Frammenti di sole e nebbia sull’Appennino”, 2016
– “Credibili incertezze”, 2016
– “Due amanti noi”, 2015
– “Piccoli fermioni d’amore”, 2015
– “Sensi da sfogliare”, 2014
– “Tracce di semi sonori con i colori della vita”, 2014
– “Cuori Attorno a una favola”, 2014
– “Vita su un ponte di legno”, 2014
– “Diario di una ipocrita”, 2014
– “Fra distruzione e rinascita: la vita”, 2014
– “Pensieri trasognati per un sogno”, 2013

Su poesía es presente en distintas antologías y revistas sea italianas sea Internacional, y ha sido traducida en distintos idiomas.
Es miembro de honor del Festival Internacional de la Poesía de Tozeur en Túnez.
Ha realizado talleres de iniciación a la poesía en Ed. Primaria.

TRATANDO DE VIVIR

tratando de vivir
en el lugar de mi herida,
me doy cuenta que ese lugar
en mi vida
es una casa perdida en el bosque,
la casa ideal para suicidarse,
para mirarse por dentro,
sin poder evitarse,
donde mis pasos inciertos e imponderables
ahuyentan pensamientos palpables
y caminan para no tomar en serio
las cosas que no dependen de mí
y que mueren en los lugares
donde, a veces, fui feliz.
Tratando de vivir
no puedo encontrar una manera
para abrir un camino
ni siquiera en uno de los recortes de mundo
atravesados por una carretera.
Para hacer esto elijo
uno de esos trenes malolientes,
lleno de alientos y respiraciones de gentes
que se miran y no se reconocen.
Prefiero los vehículos lentos,
intransitables, de maledicencia
y fingir un poco de inteligencia,
con un libro de Proust,
uno de Joyce, de Vallejo
y de Nicanor Parrá,
preguntándome quizás
si soy yo,
en todas esas historias.

PROVANDO A VIVERE

Provando a vivere
nel luogo della mia ferita,
mi rendo conto che quel luogo
nella mia vita
è una casa sperduta in un bosco,
la casa ideale per suicidarsi,
per guardarsi dentro,
senza poter evitarsi,
dove i miei passi incerti e imponderabili
allontanano pensieri palpabili
e camminano per non prendere sul serio
le cose che non dipendono da me
e che muoiono nei luoghi
in cui a volte sono stata felice.
Provando a vivere
non trovo il modo
di aprire un cammino
nemmeno su uno dei lembi di mondo
attraversato da una strada.
Per farlo scelgo
uno di quei treni puzzolenti
pieno di fiati e respiri di gente
che si guarda e non si riconosce.
Preferisco mezzi lenti,
impervi, di maldicenza
e fingere un po’ di intelligenza,
con un libro di Proust,
uno di Joyce, di Vallejo
e di Nicanor Parrá,
chiedendomi pure chissà
se sono io,
in tutte queste storie.