Theodoro Elssaca · Ars Poética

Es complicado hacer una reseña resumida de la trayectoria inmensa de Theodoro Elssaca. Polifacético y único, solo hay una forma de llegar a él, leyendo y disfrutando sus letras


Theodoro Elssaca (Santiago de Chile, 1958) es poeta, ensayista, narrador, artista visual, fotógrafo antropologista y expedicionario. Viajero impenitente, es autor de numerosos libros, desde: Aprender a morir (Graphika, 1983); pasando por Viento sin Memoria (Ediciones Yanara, 1984); Rapa Nui. Hombre-Arte-Entorno, bilingüe español-inglés (Spativm ediciones, 1988); Aramí (Red Internacional del Libro, 1992); El espejo humeante-Amazonas, prólogo de Gastón Soublette, con epílogos de Delia Domínguez y Gonzalo Rojas (Fundación IberoAmericana, 2005); Travesía del Relámpago, con prólogo de Ángel Guinda (antología poética que conmemora 30 años de su poesía, publicada en libros personales 1983-2013, Vitruvio, Madrid 2013); Fuego contra hielo, con prólogos de Antonio Skármeta y Alberto Infante (30 narraciones, Verbum, Madrid 2014); Orígenes (plaquette bilingüe español-árabe, Carmina in mínima re, Barcelona 2015); Santiago sub zero grade, (libro bilingüe español-rumano, Bibliotheca Universalis, Bucarest, 2015); Celebración del instante 365+1 Haiku, con prólogos de Agustín Letelier, Mauricio Tolosa y Cristián Warnken (publicada por Ediciones UC, 2018); Bljesak Munje, selección de 35 años de su poesía traducida al croata por Željka Lovrenčić, (Universidad de Zagreb 2019); Fulgores en la penumbra, en coautoría con: Jaime Hales, Walter Garib y Juan Eduardo Esquivel, con prólogo de Diamela Eltit (HB Editores, 2020); Huésped del aire – visiones desde la pandemia, con prólogos de Graciela Bucci y Fernando Lolas (HB Editores, 2021); Tribu de la palabra – homenaje a los grandes autores que han señalado el camino (Ediciones IberoAmericana, 2023); Voces del AGUA (Ediciones IberoAmericana 2025), bitácora de 115 poemas-navegaciones que incorpora sus pinturas caligramáticas.

Autor de ensayos críticos sobre: Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Fidel Sepúlveda Llanos, Edna Pozzi, Efraín Barquero, Matías Rafide Batarce, Raúl Zurita, Omar Lara, Jorge Teillier, Gabriela Mistral y otros, publicados en revistas culturales y universitarias y algunos traducidos y publicados en inglés, francés y otras lenguas.

Estudió Licenciatura en Estética y Arte, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Chile, donde también estudió Diseño, Fotografía, Cine e Historia del Arte (a través de nueve años de estudios universitarios, que se iniciaron con Ingeniería Civil -a sus diecisiete años, donde fue alumno y más tarde amigo de Nicanor Parra- y luego con Diseño Industrial, en la Universidad de Chile). Actualmente es presidente de la Fundación IberoAmericana, desde donde rescata y difunde la obra de autores hispanohablantes.

Miembro de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), con el Número 897. Miembro del PEN Chile desde 2010 y director en dos periodos (2012 a 2014 y 2016 a 2018), correspondiente al PEN Internacional, fundado en Londres 1921. Miembro del Consejo de Honor de Gabriela Mistral Foundation, Nueva York. Colaborador permanente de la revista Quinchamalí, Universidad del Bío Bío; Alba de América, de ILCH; Asociación Americana de Poesía, en Buenos Aires; Crear en Salamanca, Universidad de Salamanca-España; Entreletras, de Madrid y diversas publicaciones de América y Europa. Trabajó y participó en universidades, talleres, fundaciones, museos, congresos y festivales de Europa por más de diez años, tomando contacto con grandes autores y sus obras. “Las corrientes tanto tradicionales como vanguardistas influyeron en la consolidación de su impronta, hoy reconocida como una huella sui géneris, en las obras que emprende…”, ha escrito Sergio Montero van Rysselberghe (Universidad Católica de Chile).

Como artista visual ha realizado más de cien exposiciones individuales en América, Europa y África, de: fotografía, pintura y caligramas, que se pueden ver incorporados en algunos de sus libros. Sus expediciones al norte de África y desierto del Sahara (1986); Selva del Amazonas (1987), Rapa Nui (1988) y otras consecutivas, son parte de un recorrido que tempranamente marca su vida, entrega, obra, pensamiento y legado.

Con más de cuarenta años de publicaciones, ha recibido el reconocimiento del Proyecto POLARIS, impulsado por la NASA, que evoca al realizado por Carl Sagan con la Sonda Pioneer, para poner en relieve la creación humana en su máxima expresión enviando a la Luna y al espacio sideral, junto a otras destacadas obras de arte de la humanidad, el poema “Círculo Polar” o “Polar Circle” de Theodoro Elssaca, 2023, instalado en una cápsula en la Luna en marzo 2025.

Con el apoyo de universidades, fundaciones y personas del ámbito cultural, fue postulado en 2024 al Premio Nacional de Literatura. Fundador y presidente de Fundación IberoAmericana, con 22 años de existencia.

Este año 2025 ha sido Invitado de Honor a la 56 FIL del El Cairo-Egipto y se constituye en el primer poeta iberoamericano en donar presencialmente sus libros con una lectura y conversación en la Bibliotheca Alexandrina de Alejandría y en el Instituto Cervantes de El Cairo.

En 2025 también fue Invitado al Congreso de Madrid, donde presentó su nueva obra en el día inaugural, en el Paraninfo de Filosofía de la Universidad Complutense. A las Jornadas Poéticas de Otoño, en Casa de América de Madrid. El 18 de octubre del mismo año inauguró el Primer Encuentro Poético Internacional de la Universidad de Alcalá de Henares.

Ha recibido importantes reconocimientos internacionales, entre otros: Premio Mihai Eminescu, por su prosa poética, narrativa y ensayística, durante el Primer Festival Internacional de Poesía de Craiova-Rumanía (2013). Le concedieron la primera versión del Premio Poetas de Otros Mundos, otorgado por el Fondo Poético Internacional, España (2014). Premio Rubén Darío, otorgado por el Instituto Literario y Cultural Hispánico, California (Westminster, 2018). Primer Premio MEC en la advocación del Caballero Andante, otorgado por el círculo Imágenes & Palabras, Buenos Aires (2022). Premio Estrella de Oro del Sur, Montevideo-Uruguay 2024.

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Ars Poética

Antes de ser parido, ya era poesía.

Escuché sonetos de piano que se fundían con el compás de espera del rojo timbal inquieto y presuroso del corazón de mi madre, joven concertista que de súbito atravesó al otro lado del espejo, sin retorno. Iluminada y premonitoria me dejó sus canciones. Magistral, interpretaba un cosmos de sonidos desatando con ellos mis primeros versos. Sensaciones que se fueron configurando, desde ese cálido refugio interior. En ese recóndito espacio percibí los vestigios olvidados de las primeras huellas y los orígenes secretos de la palabra, su música y la danza primal que me impulsaban desde el alfa al omega.

Yo, antes de nacer, ya era poesía.

Sobresaltado me inundó la inhalación.
Caminando después, encontré todo lo que necesitaba, hundiendo mis manos en la tierra, cobijo de la existencia. Pude ver a los gusanos que la aireaban, y que tal vez ya sabían el día de mi muerte. El momento en que se devorarían mi lengua y mis ojos. Estaban el Eros y el Thanatos unidos desde el comienzo, en un amasijo donde más que gusanos y piedras, me interesaron las semillas. Las pude oír en su despliegue cotiledóneo, entregando en su perfume, sus flores y sus frutos.

La esencialidad de esos elementos fueron las primeras herramientas. En el agua estaba el cielo. Todos los lagos, pupilas del mundo, con sus ríos que van a ser océanos eran el azul, reflejando en lontananza el universo enigmático habitado por las deidades, ocultas en ese infinito ultramar.
Entonces proclamé la vida, como una celebración del aire. El viento en sus ráfagas elevando el vuelo del cóndor andino, inconmensurable señorío cordillerano. El ojo avizor oteando desde las recónditas atalayas.

Las lenguas del fuego despertaron todos mis asombros.

Era la ancestralidad del rito. La purificación milenaria en torno a la ardiente flama palpitante. Desde el principio los pueblos se unieron en el círculo convocante de los fulgores volcánicos, y sus ígneas iluminaciones solares.
Los fuegos han sido los testigos más antiguos de las primeras palabras. Desde la fundación del mito, los prehistóricos ruidos animalescos y guturales de nuestra ancestralidad fueron siendo voces y relato, hasta germinar la más depurada y clarividente poesía.

El creciente misterio de esos mundos me llevó a contemplar a las errantes palabras, como una manera de plasmar con su inicial rudeza, la experiencia subyugante de ser. Fui primero observando la piel de las palabras, rugosas o tersas. Las había monocromáticas o con matices acrisolados. Unas seráficas, áureas y otras más pétreas eran roncas voces telúricas.

Las palabras en la poesía me llevaron en su elixir a construir el carácter y un pensamiento personal y único. Más allá de la metafísica insomne, estaba el sello indiviso de la huella digital. Una senda tan sui generis, que tal vez me ayudó a encontrarme a mí mismo, en la comprensión del paso trascendental del fonema al grafema, apertura al maremágnum de todas las voces que pueblan las escrituras y sus metáforas.

En la madurez de mi poesía, ya no contemplé tanto la piel de las palabras, sino que inicié un sagrado periplo al interior de cada una, para saber de ellas, de su nervio, intimidad y fibra, sumergirme y entrar en la historia de cada palabra, para otear sus pensamientos, advertir sus gestos o ademanes y celebrarlas hasta besar su alma.
Esas sutiles palabras se adentraron en mi sangre y fueron siendo células, cartílago y hueso. Me desborda la pasión sin pausa del Ars Poética de las palabras, formadas por apenas algo más de dos docenas de signos iguales para odiar, o para amar… ¡Aaah! Las palabras.

Theodoro Elssaca
publicado por Ediciones Vitruvio, Madrid, 2013